Embolia Cerebral

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La OHB actúa en sus dos vertientes: al principio, al aumentar la presión se reduce el volumen del émbolo gaseoso, con lo que este progresa en el vaso sanguíneo afectado y la obstrucción de la circulación se desplaza a territorios más distales, lo que permite reducir el área de isquemia.

En un segundo momento se facilita la redisolución del émbolo gaseoso por el mecanismo de retrodifusión de los gases. Y en tercer lugar se incrementa la oxigenación de los tejidos hipóxicos. Volvemos a recordar que en estos dos casos la OHB es el tratamiento urgente de elección.

También conocida como stroke o apoplejía, es un enfermedad que pone en riesgo la vida y/o la integridad física.

Es provocada por el bloqueo parcial o total, súbito y brusco de la sangre al cerebro, lo que ocasiona un infarto cerebral. El problema se puede deber a la presencia de tapones de coágulos o grasa en las arterias y venas cerebrales o a la ruptura de vasos sanguíneos que ocasionan derrames cerebrales.

Se presenta a partir de los 40 años, pero con mayor incidencia después de los 70, aunque pueden originarse como resultado de un accidente o traumatismo.

Los ataques pueden durar poco tiempo, lo que se conoce como mini-stroke o ataque isquémico transitorio o durar más, lo que pone en riesgo la vida.

Se produce cuando en un vaso sanguíneo, generalmente del corazón se forma un coágulo o alguna otra partícula errante llamada émbolo y que posteriormente, el coágulo se desplaza y se aloja en una arteria que lleva al cerebro o en el propio cerebro.

Los efectos de una embolia cerebral, que en la mayoría de los casos, deja secuelas, dependen de la parte del cerebro afectada y de la gravedad del daño, es decir de la extensión de la zona lesionada, así como las capacidades de la persona enferma y el estado general de salud integral que presente.

Los coágulos o taponamientos pueden ser originados como resultado de: fragmentos de algún trombo desarrollado en alguna otra parte del cuerpo, por fragmentos de una placa de ateroma, tumores, grasa, burbujas de aire, masas de bacilos entre otros factores.

Como consecuencia de una embolia o taponamiento arterial se produce una isquemia o síndrome isquémico, que es cuando la zona próxima a la arteria afectada empieza a morir por quedarse sin flujo sanguíneo y por lo mismo sin oxígeno, lo que provoca un infarto y hasta necrosis del tejido.

Muchas de las embolias están relacionas con problemas cardiacos como el infarto del miocardio.